No quiero, ni debo, entrar en premisas de las tipificadas
como evangélicas, porque nada quiero ni creo en lo referente al estamento que
tiene ocultas bajo sus alfombras todas las mayores y más salvajes brutalidades
y desvios sociales: el clero.
Pero de alguna manera hay que entrar a calificar la
desconexión diaria entre lo que un día fue la gente socialista que llenaba un
partido con inquietudes sociales de izquierdas, de lo que ahora se va
acumulando bajo las alfombras de algo que es “sociolisto”, que aunque próximo
tiene el espejeo de la verdad socialista francesa, de nada le sirve a unos
servidores de aquel “chusto y mueete” que ya dijimos que lo es Rubalcaba y sus
mariachis como Tovar que, “democráticamente”, para tomar una decisión como la
de vivir a costa de una aparente ideología, le tiene que pedir permiso al
patrón de patrones, que, a su vez, mirará con humildad qué subvención recibirá
del gobierno para poder mantenerse con coche, avión y viajes, el chiringuito
político.
Un chiringuito, que al igual que el eclesial, debería de ser
que el que quiera cura o partido que se lo pague; del mismo modo que cualquier
mortal pecador, cuando quiere una noche de juerga se la paga, y según sus
necesidades la nena o el nene será de las que alquilaban los de la CAM, o de
las que más o menos remendadas también dan su juego, y tienen que alquilar
algunos pobretones cuando se les pone el cuerpo canalla.
Un partido, y concretamente el socialista, no es más
partido, no conecta más con el pueblo y las gentes progresistas por tener un
secretario general que vaya en coche oficial y tenga un despacho de banquero.
Un partido, y más concretamente el socialista, para no ser “socialisto”, tiene
que vivir de acuerdo y conformidad con lo que le permitan las cuotas de sus
afiliados. Porque, de lo contrario, se cae en lo que se ha caído, en el
servilismo al que da con la esperanza de recoger a cambio algo.
Una prueba palpable de que lo que hay en Murcia, en la
cortijá, es “sociolisto”, es que con las cuotas de los afiliados no se pueden
pagar sueldos, ni dedicaciones exclusivas innecesarias como la pensada
personalmente por Tovar, aunque lo haya dicho el enterraor mayor Rubalcaba.
Salud y Felicidad.