De acuerdo, de acuerdo, muy de acuerdo. Franco fue un
dictador, un autócrata, un militar de aquí te espero. Ya sé que me vais a sacrificar,
que me vais a llamar facha peligroso, franquista sociológico e incluso
retrógrado. Reconozco humildemente, yo pecador, que me lo merezco por atreverme
a escribir y decir, que Franco, cuando se tomaba las pastillas, en sus días más
brillantes, dijo verdades de cajón. Y os cuento una historia, un analís, como
dice mi tía la Trola de El Palmar.
Cuando en cierta ocasión histórica el embajador de Alemania,
la Alemania de Hitler, le propuso a don Francisco, un plan inmejorable para
liberar a José Antonio Primo de Rivera, secuestrado y posteriormente ejecutado
en la prisión de Alicante, el general le contestó suavemente, en plan gallego,
al diplomático:
-¿No le parece señor embajador que es mucho tener dos
cabezas pensantes para gobernar al pueblo español?
Franco, que intuyó claramente antes de morir en una cama, que
el Rey traería la democracia a España, le advirtió al entonces príncipe don
Juan Carlos:
-Alteza, usted gobernará con un estilo distinto al mío, pero
recuerde que los partidos, en nuestro país, siempre, siempre alteza, trajeron
la desunión, los enfrentamientos , la violencia y contribuyeron a romper la
unidad de la nación.
Un servidor de ustedes recordaba estas palabras del general
leyendo un dato que me impactó de lleno, y es que en nuestro país hay cerca de
un millón de políticos. Somos los primeros con China y Rusia. Una barbaridad
por el número y por lo que cuesta mantener a esta tropa al erario público del
Estado y de las diecisiete Comunidades Autónomas, rotas y en ruina, y que
además gastan ochenta mil millones en pagar a sus funcionarios, incluyendo a los derrumbados
ayuntamientos, hechos una mierda, con perdón de ustedes.
En este mismo sentido escribía recientemente el maestro
Martin Ferrand "que tras la muerte de Franco, los españoles teníamos
tantas ganas de cambio y futuro, y tantísimo miedo y recelo, que nos precipitamos
en la construcción de una Democracia de mala calidad. A la vista está. La nota
más constante en nuestra conducta colectiva se centra en la desconfianza que
los ciudadanos sentimos hacia nuestros representantes. Y nuestra democracia no es transparente ni lo será.
Aquí en Murcia mesmo viven en el bosque de la Fábrica de la
Pólvora (joder digo pólvora) y acampan en los despachos de San Esteban en cuyos
jardines islámicos orean sus hermosos gayumbos con nuestro Ramón Luis que en el
fondo de su rígido rostro de marmol de Carrara denota, tal vez, que es una
miaja de optimismo empedernido capaz de creer en el poder de su imagen de
parlanchín vistoso, en tanto el S O S de los murcianos despierta un eco angustioso más allá de la senda
de los Zambudios. Los partidos convertidos en lobbys han logrado romper el
futuro porque los déficits de las regiones imperiales son el talón de Aquiles
de la escasa credibilidad española, y los activos inmobiliarios en las sucias manos
de las Cajas y los Bancos rojos de vergüenza.
Pintan bastos y Europa, medio mundo, contempla el gigantesco
espectáculo. Incluso algunas naciones se frotan las manos viendo como el euro
comienza a flojear hasta que se situe a la par del dólar. No sé, lo escribo con
algún complejo de culpabilidad. No sé si este análisis es puro y duro
franquismo nacido en mi tenebroso subconciente. O quizás sea un ataque de
realismo por ese vicio que poseo de pensar. O un cabrón escepticismo cargado de derrotismo quintacolumnista. La verdad
es que no lo sé con seguridad matemática pero lo que estoy relatando es lo que está
pasando en ésta España maniquea, manejada, instrumentalizada, manipulada,
desinformada y prostituida a manos del medio millón de la santa casta política
que es una legión de golpistas más peligrosos que el teniente coronel Tejero,
ese militarote que quiso apartar al rey del poder, un monarca que salvó las
vidas a las élites de las distintas castas españolas, como reconoció públicamente
ese santo de la vida política nacional que es todavía Santiago Carrillo, y el
mismísimo Felipe González, y que ahora, por su amor a los elefantes de dos tetas
han linchado en la plaza pública con el asombro asombroso de don Juan Carlos de
Borbón y Batenberg, ilustres apellidos españoles.
Mal remate va a tener ésta democracia que no quiero, ni para
mi, ni para mis hijos, ni para mis nietos e incluso ni para usted. Aunque me
vituperen con gramos de razón. Pero insisto, me gusta la democracia pero no
ésta, cuando además leo en un diario regional lo que ganan anualmente los ex
políticos españoles que han mangoneado hasta recientemente. Apunten: José
Borrell, trescientos mil. Isabel Tocino. Ciento treinta y cuatro mil. Jose María
Aznar, millón y medio de euros. Felipe Gonzalez. Doscientos quince mil. Pedro
Solbes. Doscientos mil. Eduardo Zaplana. Medio millón. José Bono. Trescientos
mil. Zapatero. Ciento ochenta mil, más que cuando era presidente. Elena
Salgado. Ciento veinte mil. Angel Acebes. Cuatrocientos cuatro mil euros de
bellón. Y Javier de Paz, fontanero de Zapatero. Millón y medio y otros más que
haría interminable la lista de estos angelotes.
Palabra, no sé que decir más pero dejo la interrogante
colgada de la soga, y el caballo en el pesebre. Si, Franco despreciaba a los
políticos. Desconfiaba de los partidos y temía que España quedara descoyuntada.
Yo también. ¿es esto fascismo rancio y de solera?. Creo que no, francamente,
pero pienso, perdón por pensar, que nuestro país se ha convertido en un país
basura en el que muerden su mala suerte ocho millones de españoles en la
pobreza y más de cinco millones de parados.
Y las clases trabajadora y media están grogui. Una tragedia griega. Basta
observar lo que nos rodea aquí en nuestra santa región. Evidentemente estoy
contra las dictaduras, incluyendo la del proletariado. También contra nuestra
corrompida democracia.