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José Luis Mazón.
Jueves, 21 de junio de 2012

Griegos, sin el favor de los dioses

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[Img #3273]El pueblo griego ha perdido el favor de los dioses del Olimpo y anda como alma en pena a la deriva en un angustioso camino que conduce a ninguna parte, es decir, a la muerte sin sentido.

Cuenta Herodoto en sus viajes por Egipto en el siglo V antes de nuestra era que los griegos tomaron de los egipcios sus dioses removiéndoles el nombre. Homero nos refleja en sus relatos La Odisea y La Ilíada como sentían los antiguos griegos el mundo. Los dioses, pobladores del Olimpo, eternos, bebedores de néctares, dirigían la vida de los hombres aunque en asamblea dejaron claro que muchas desgracias que los hombres creían provenían de los dioses eran el fruto de la propia estupidez humana.

En aquellos gloriosos tiempos los griegos eran hombres amantes de la lucidez, que ensalzaban a los sensatos y se conducían por la voluntad de los númenes cuya observancia, plegarias y sacrificios les deparaban una vida menos estropeada y arrastrada de lo que puede ser en otro caso.

Hoy los griegos están huérfanos de los grandes hombres. Ninguno de los líderes de los partidos entronca con esa tradición ancestral. Y es que los griegos de ahora han perdido el favor de los dioses. El Olimpo les ha abandonado. La codicia del euro ha sido un canto de sirenas que les ha colocado en un callejón sin salida. Era pan para hoy y hambre para mañana. Y ahora parece que no tienen ni Odiseos, ni Pericles, ni Solones dechados en el arte de la sensatez y sabiduría que les alumbren el camino de salida. Todos en fila india sin futuro hacia el infierno como borreguitos en manada. Pobres griegos.

La caída de ese canto de sirenas que euro-hechiza a las multitudes y las sume con la promesa de la salvación en su contrario, parece que vendrá, no por Grecia, sino por Iberia, o Hispania, la tierra de los conejos según la llamaron los remotos fenicios. Aquí parece que toca liberar la gran batalla pero no porque el actual íbero sea mejor que el griego sino porque la rueda de la fortuna detiene su flecha en este punto.

Un decreto del Olimpo va a poner fin a la eurocracia devolviendo las cosas al estado de naturaleza. Los dioses quieren recuperar su ascendencia sobre los hombres, pero pronto seremos el campo de Agramante en donde será difícil distinguir quien está de cada lado en tan turbulenta batalla.

Los estoicos lo sentenciaron, el que cumple su destino es conducido por él, el que se resiste es arrastrado.

Grecia es arrastrada porque no acepta su destino. Toneladas de sufrimiento se ahorraría si hubiera cogido el toro por los cuernos y tomado el camino de retorno a su naturaleza, mirar hacia el Olimpo y no seguir los cantos de sirenas.

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