Aquí, en España, nacen millones de personas en la pobreza, y mueren en la
pobreza. Irremediablemente. Parece que estamos predestinados a ser los mendigos
de Europa. Ser europeos sin ser europeos .Nos quieren como esclavos.
Ellos nos acusan de que durante una década hemos vivido por
encima de nuestras posibilidades, como los griegos, los italianos y los
portugueses. Y que ese no es nuestro destino. Se resisten a ayudarnos. A ser
solidarios. Esta tesis hijoputesca la han asumido nuestros dirigentes a niveles
diversos y distintos. Las terminales de los mundos de las finanzas, de la
economía, del dinero, de la especulación y de la política, nos están mandando
mensajes de que el pueblo español es el único responsable de la crisis y de la
crisis de la crisis, porque hemos derrochado como un pueblo rico cuando somos
una nación pobre que se enmarca en un país de servicios y destino del turismo
internacional de las grandes potencias occidentales y millonarias.
Vivimos castigados por un estado de opinión muy generalizado
que nos ha metido el miedo en el cuerpo y nos han acobardados en sumo grado e
inmersos en un baño de complejos de culpabilidad depresivo, cuando en realidad
los auténticos culpables de la monstruosa crisis española son ELLOS, los
pueblos que están pretendiendo el hundimiento de la Europa mediterránea
mientras han vivido en la abundancia desbordante.
Como han vivido y viven nuestros políticos, nuestros financieros, nuestros banqueros,
nuestros grandes tecnócratas, los hombres de negocio, los llamados altos cargos
de la administraciones y del sector privado, y en general quienes disfrutan de
puestos claves dentro y fuera de España.
El resto de los ciudadanos hemos sobrevividos al rebufo de sus grandes negocios
impulsando el consumismo y el despilfarro, sin normas, sin leyes que encausaran
la especulación. Unos dirigentes, todos que ahora, tratan de culpar a los
españoles que integramos la clase media y trabajadora, después de llevarse
nuestros ahorros y una parte de nuestras vidas, como las comisiones preferentes,
una bofetada a la dignidad mercantil.
"Habéis vivido muy bien y ahora deberéis pagar los
excesos. No es nuestro problema. Hay que salir volviendo a vuestros orígenes de
la España de la posguerra. España no es un país para ricos Toca sacrificarnos. Hay
que hacer recortes. También reformas. Hay que inyectar liquidez a los bancos y
las Cajas, que son los motores de los empresarios.
Tenemos que negociar con los señores de negro, los embajadores del poder
económico mundial. No hay dinero para los parados ni para los jubilados. Señores,
toca joderse. No hay remedio". Hasta aquí y poco más somos sujetos de un
profundo lavado de cerebro para convertirnos en una inmensa manada de
proletarios. Estamos indignados, respondemos mordiéndonos la lengua muda. Pero
se ríen de nosotros. Guardan sus buenas indemnizaciones. Viven de sueldos
millonarios. Levantan urbanizaciones fantasmas. Y se mean en nosotros, pero
proclaman con la seriedad del asno, que está lloviendo.
No, este no es nuestro camino. Es el camino de la maldita City londinense, de
la Bolsa de Nueva York, del bunker financiero alemán, o los dineros sacados del
sudor de los trabajadores chinos del paraíso comunista, el oblicuo yen falso
que juegan y apuesta a todo. Efectivamente, ellos pueden vivir bien. Son los
ricos. Nosotros, los españoles estamos condenados a vivir marginados de la
Europa de la abundancia con sus últimos cuarenta años de esplendor y riquezas. En
tanto, los líderes españoles observan el panorama desde la distancia de la
impotencia y el servilismo a la Europa rica y prepotente. Nosotros no tenemos
derechos. No somos seres humanos, simplemente somos unos golfos vividores
dedicados a escalar la cumbre de final de mes, pagando los platos rotos de
diecisiete Comunidades Autónomas, cinco en rebeldía, que inventaron ellos para
jugar a ser poderosos y ricos. Pagando a rajatabla el tremendo blitzkrieg
especulativo.
Han sido ellos los responsables primeros en robar a mansalva sin el menor
reparo, el menor pudor, el menor control ¿y ahora nos piden que nos apretemos
los escuálidos cinturones del hambre y la necesidad? Como música de fondo, la
orquesta y el coro de los medios de comunicación amarillos pagados por sus amos
de los poderes totales. Una brutal paradoja.
Amanece, que no es poco, cuando estoy terminando de escribir
congelado por las mentiras de Europa. Una Europa que nos escatima la
solidaridad y levanta mentiras y rechaza ese derecho humano que tenemos de
vivir como mínimo como ellos, los mercaderes. Y nos acusan de vividores, los
muy cabrones, como si España fuera su finca de descanso y relax.
NOTA DEL AUTOR.-Nosotros los españoles de a pié no somos culpables del derroche
económico. Como una pequeña prueba de lo que afirmamos y creemos, ahí van
algunos datos oficiales de lo que ganan los "pobres", algunos,
políticos españoles.
A saber...... Manuel Chaves, ex vicepresidente y otros carguicos, quince mil
euros al mes. José Bono, otro ex, va de ciento cuatro mil euros al año. José
Montilla, ex catalán, pensión vitalicia de más de ochenta mil euros más cinco mil
euros como senador. ZAPATERO, ex presidente, un total de ciento sesenta mil
euros. Teresa Fernandez de la Vega, exvicepresidenta, exactamente igual. Dolores
Cospedal, por varios, doscientos mil euros. Mariano Rajoy, por varios ciento ochenta
mil euros. José María Aznar no se deja cortar la mano por menos de trescientos
mil al año, sueldos y conferenciante como su ex colega Felipe González. Arturo
Mas, presidente de Cataluña, ciento cuarenta mil euros anuales. Y así
sucesiva-mente hasta contemplar una nómina de trescientos mil políticos españoles
con sueldos que en casi ningún caso no bajan de tres mil euros al mes. Viva
"esta" democracia de los ricos y los pobres, cuyas distancias se
hacen más grandes.
Es una pésima imagen porque aumenta los destrozos de una crisis que nos aprieta
el corazón, y que se lleva por delante no sólo nuestros ahorros, nuestro estado
del bienestar, el Estado de las Autonomías, nuestra democracia rota, nos rompe
a nosotros. Estamos en los prolegómenos de un infarto social, de una rebelión
ciudadana justa, lo veo muy claro.