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José Luis Mazón.
Domingo, 29 de julio de 2012

La magia de los vencejos: la historia de Apu

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[Img #3622]Los veranos suelen ser tiempos pródigos en vivencias. Entre las experiencias fuera de lo común que nos puede tocar vivir está la de hallar un vencejo caído del nido que no puede volver a él. Existen centros de recuperación de aves silvestres en donde se hacen cargo de ellos. Muchos confunden a los vencejos con las golondrinas, pero a diferencia de estas, sus alas tienen forma de guadaña, su vuelo es más acrobático y sobre todo los vencejos gozan de fama planetaria porque fuera de los periodos de crianza nunca se posa en el suelo. Son las criaturas aladas más aéreas que existen ninguna otra se les acerca. Todo les ocurre en el cielo, comen, se aparean, hallan material de construcción de nidos y hasta duermen en el aire. Han fundado el monacato de los vientos, la total consagración al dios Eolo, pues estos pajarillos de apariencia extraña son de las rarísimas estirpes de los hijos de un dios de la Naturaleza.

A finales de junio hallé un polluelo diminuto de vencejo en el portal de mi trabajo; sin pluma alguna todavía creí que era un gorrión bebé caído y muerto. Pero era vencejo y estaba vivo. Lo primero fue calmarle la sed con gotas de agua que tomó. Darle de comer a un vencejo es complicado. Solo digieren los insectos. Hace tres años ya cayó otro en mis manos, hallado en el mismo sitio (¿hermano mayor de este?), prosperaba con grillos vivos y gusanos de la harina que es fácil encontrar en tiendas de animales. Se me murió por darle tres hormigas que resulta que portan ácido fórmico, un veneno. Esta vez no cometería ese error, era la oportunidad de rehabilitarme como cuidador de vencejos criando a mano esta diminuta criatura del cielo desde muy pequeño.

[Img #3623]Tenemos por costumbre los humanos el bautizar a los animales a nuestro cargo. Este acabó llamándose Apu, pues "Apus" es el nombre científico de los vencejos, palabra griega que significa "sin pies", pero le quité la s final y la palabra se identificaba con otra del quechua que yo conocía por mi afición a la música de los Andres, "Apu", palabra de la lengua andina que significa montaña. Es curioso, a veces los nombres no son obra de nuestra voluntad sino especie de imposición de los númenes. Apu resulta que fue soltado desde lo alto de la montaña más cercana a su lugar de nacimiento por lo que el vencejo "montaña" inició su primer gran vuelo desde una.

Los papás de Apu vinieron a finales de abril desde el sur de Africa; abriendo surcos en el aire cruzaron más de 6000 kms de distancia, sin escalas, para instalarse en el nido de la calle Espartero de Murcia en donde, seguramente, desde hace varios años, crian a sus vencejitos. Terminada la cria, resueltos los progenitores, salen solícitos de retorno sobrevolando la costa africana oeste a pasar nueve meses haciendo picados sobre elefantes y búfalos cuyos merodeadores insectos deben de ser plato de gourmet vencejil.

Aunque el vencejo Apu no pronunciaba palabra alguna en la lengua humana resultó ser un gran comunicador, porque esto de comunicar no es cruzar sonidos sino alcanzar el alma y ganar la voluntad del interlocutor y Apu era un maestro consumado en conquistar las simpatías de todos, lo que podemos llamar un seductor nato cuyas armas iban directo al corazón del humano. En eso reside la magia de la interacción que los humanos hemos perdido en el camino de nuestra evolución degenerativa.

Los vencejos tienen costumbres curiosas y así son muy educados en cosas de ir al inodoro. Cuando tienen ganas de hacer caca, porque nunca orinan, empiezan a caminar hacia atrás para no ensuciar el epicentro del nido.

Con gusanos y grillos a base de tomas diarias cada hora y media o dos el vencejillo Apu iba toman fuerza, ganando alas y peso y mostrando nuevas habilidades.

Acercándose la fecha de la suelta empiezan a hacer ejercicios de agitar las alas, dejan de comer o reducen mucho la ingesta. Un vencejo es incubado durante unas tres semanas y la crianza dura unas seis mas. En total nueve semanas en el nido. Viven en torno a 7 años y alguno ha alcanzado los 21.

Hasta los cuatro años no alcanzan la madurez reproductiva y ese periodo lo pasan en el aire día y noche. Ningún avión posee un piloto automático tan sofisticado.

El vencejo paga a su criador son sensaciones y enseñanzas. Igual que emite un pitido casi constante (pshiiiiii) idéntico al que emiten los adultos volando pero de menor intensidad, irradia su conocimiento del cielo. En las muchas horas pasadas con él tiempo tuve de ponerme en su piel y captar que el océano gaseoso de la masa aerea no es para ellos invisible o transparente como para nosotros. Perciben detalles de su medio como nosotros los percibimos del nuestro, del suelo y yo creo que aun muchos más como el poder de percibir las tormentas o saber a ciencia cierta por donde echar para llegar a un sitio donde nunca has ido. El aire, el viento, no es para ello lo que para nosotros, sino una fuerza viva en la cual se sienten mucho más a gusto que nosotros con nuestra sensibilidad atrofiada acerca de lo que nos rodea. Morir de vencejo y renacer de humano recordando el pasado debe inducir una depresión suicida.

Apu puso fin a su periodo de crianza por humanos a las cuatro semanas justas de su hallazgo, saltando desde lo alto de un precipicio de paredes rocosas, haciendo un picado de más de doscientos metros en caída, seguramente a más de doscientos kilómetros por hora, un remonte en planeo sobre las copas de los pinos y un giro hacia el pueblo de Los Garres en donde le perdí de vista.

Poco se sabe de la vida aérea de los vencejos. Hallamos vencejos caídos heridos pero rara vez vencejos muertos adultos. ¿Los disuelve el aire transformándolo en aquello a lo que tanto se han asimilado en cuerpo y alma?

Tal vez la magia de los vencejos, con la que he tenido la suerte de estar en contacto, haga posible tal milagro.

 

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