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Juan Sánchez.
Martes, 31 de julio de 2012

Devuélveme-mi-voto.org

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[Img #3632]Debería haber una manera de garantizar –Blindar- nuestro voto. Del mismo modo que nosotros pagamos religiosamente los impuestos (O nos embargan hasta los calzoncillos, lleven sello ‘oficial’ o no) y financiamos la vida padre de unos pocos elegidos para la gloria eterna de ser políticos. Debería haber una notaría del pueblo y para el pueblo, donde se ‘ficharan’ los programas electorales y quedaran registrados, con firma y fe de notario, para su obligado cumplimiento. Y no me cuentes penas que por tu culpa culpita ya tengo la despensa llena... Y en el raro e improbable caso de incumplimiento, ¡JA!, por parte del político de a bulto, se rescindiría su contrato con la ciudadanía, por la vía del ipsofactamente, con una penalización a su cargo de igual cuantía a lo ‘estafado’ en concepto de sueldo y demás gastos de difícil justificación, aparejados en su privilegio. Más, claro está, un porcentaje ecuánime en concepto de I.V.A. (Popular) (Impuesto sobre Villanías y otras Astucias y felonías Políticas) sobre la esperanza afanada al pueblo (Ni siquiera son ladrones de cuello vuelto, solo vulgares rateros barriobajeros).

 

Desgraciadamente, todo lo anterior se circunscribe al mundo de la fantasía de este humilde escribano. Nada ni nadie garantiza al ciudadano que se vayan a cumplir las promesas electorales (Electoralistas, electora-listos). Y ellos -barra ellas- se van de rositas de pitiminí tras haber sopado todo lo deseado, y todo cuanto les dejamos sin controlar, y aquellas promesas de estrado, tribuna, mitin de charlatán y teatrillo callejero, se retuercen en el retrete de nuestra historia democrática sin que nadie les eche cuentas ni collares al pescuezo, y los trinque bien trincaos en una prisión de máxima seguridad social. Nunca mejor dicho lo de social, cuanto más lejos del pueblo mejor nos irá a los plebeyos. Sin ell@s, ni ellas: sus volátiles y olvidadizas promesitas electro-virales.

 

Y que no escarmentamos, oye, que no nos entra en la molleja ese perfil de mindundis recrecidos por unas elecciones, que, tras las mismas, y con ajuste de prebendas previas (Eso lo prime del mundo mundial), se pasan las promesas por el mismísimo forro de su desvergüenza. Y todo tan cojonudamente. Mientras haya gilipuertas tal que cuarenta millones de paganinis, y sus picos pardos sufragados por un pueblo cagadito de miedo. Y que digan, digamos, los que aún alzan la voz, alzamos, lo que les salga de sus cerebros desquiciados, o eso se creen ellos, la teta está en sus manos (Y sus carteras) electas, y que se jodan los plebeyos. O los parados, o los abuelos, o los indigentes, o los críos sin hogar, o los dependientes que recobran su independencia por la vía del que les vayan dando mucho por donde suelen amargar los pepinos. O todos aquellos desprotegidos, desfavorecidos, desamparados y relegados a esa miseria impuesta por una mala apuesta popular, llamada elección democrática; con toda su complementaria porquería atonta-pueblos.

 

Debería quedar recogido en nuestra carta magna, la posibilidad y el derecho inalienable a cambiar de opinión según nos vengan dadas por esos cantamañanas. De tal modo que se pudiera recuperar el voto en el mismo instante en que nos sintamos estafados o insultados por sus bellaquerías, su falta de honestidad social o simplemente por su mentira anti-humanidad. Podríamos ir al congreso de los diputados y pedir al celador de turno nos reembolse nuestra papeleta, para hacer uso de ella en el momento que nos apetezca – O nos salga de nuestra plebeya huevera- En el momento en que volvamos a creer en otras personas, en otros proyectos, en otras promesas que se demuestren con el movimiento, con la cara limpia delante del pueblo, con realidades y certezas que dejen de ser meras milongas podridas… Y que siempre nos toque a los mismos bailar con la más fea. Así de simple:

 

-       Señor ujier, me devuelva mi voto al partido ful-ano, o meng-ano, o zut-ano, o mereng-ano (No creo que haya muchos más), que ya no me creo nada de sus zalameras zarzaleras zeñorías. Que dijeron ‘digo’ y ahora nos cuentan la vida y milagros de San Diego. Y no solo eso, además, pretenden incrementar nuestro atontamiento aborregado con el argumento de que todo se hace por el bien general ciudadano. Pero señor ujier, yo no me lo creo. ¡¡Devuélvame mi voto!! que, por cojones, los míos, me lo llevo hasta más luego… y para casa tan resueltos, y ellos con un voto de menos… y eso jooode…

 

Parece una chorrada, ¿verdad?, pero ¿Y la cara de satisfacción propia, y el gustazo que te quedaría en el cuerpo, tras haberlos mandado a tomar por saco por la vía “democrática”?... ¿Es que eso no vale?... y un solo voto no es nada… pero multiplicado por unos cuantos millones de ciudadanos defraudados (Y muy cabreados)… la cosa cambiaría ¿verdad? Pero el sistema electoral está diseñado para engañar al ciudadano. Sencillamente. Una vez sueltas la papeleta en la saca de los sin vergüenzas, no hay marcha atrás: Santa Rita, o Santa Klaus para ell@s, lo que se da no se quita. Ni con manifestaciones, ni con pitos ni con ‘pitas’… Quizá con una buena maroma de pita bien atada al balcón más recio del parlamento (La libertad de elección democrática), y que vayan pasando por el cadalso de los perros, y las ‘perras’. Uno a uno, una a una...

 

¿Queréis pan?... ¡¡NO!!... ¿Queréis vino?... ¡¡NO!!... Entonces, ¿qué queréis?... ¡A sus señorías colgadas de un pino!... con un letrero que diga, con un letrero que diga, con un letrero que diiiiga: ¡Colgado por traidor estafador/ra!

 

¿O es que se piensan vuecencias que por habernos engañado (Arrastrado) con sus argucias, sus lisonjas y sus trolas más taloneras, teloneras, habremos de seguir de por vida adorando el suelo donde pisan? ¿Echando pétalos de rosa con alas de mariposa o de gaviota al paso de sus cuerpos incorruptibles? Lo de incorruptibles se me ha escapado… ¡JA!... Menuda panda. Pues va a ser que no. Que la única manera de avanzar es tropezar y levantarse, y tropezar y levantarse, y volver a tropezar y antes de levantarse darle una rotunda patada en los güitos a quienes tantas veces nos han hecho zozobrar. Punto.

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